miércoles, 8 de junio de 2011

Resurgiendo de mis cenizas

Capítulo 2

  
     Esta noche, de regreso a casa después de un largo y aburrido día de trabajo, y la clase de inglés, los ojos se me han llenado de un líquido ligeramente salado que luchaba por salir, mientras aferraba el volante de mi pequeño coche con más fuerza de la normal.
     Mientras observaba el anochecer, envuelta en un hermoso paisaje campestre en plena primavera, y en la radio sonaba una bonita canción de Rihanna, un doloroso recuerdo reapareció en mi mente. Justo aquel recuerdo que me hizo abrir los ojos ante la realidad de mi padre, el recuerdo que hizo que comenzara a querer ser completamente invisible.

     Una noche, no recuerdo muy bien el motivo solo que yo era la excusa, comenzaron los gritos. Lo único que pude hacer fue encerrarme en mi pequeña habitación y llorar al sentirme culpable de lo que estaba sucediendo. Pero aquella discusión no fue como las demás, aunque no entendía entonces que la hacía diferente. Los gritos cesaron dejando paso a un largo silencio, hasta que mi padre abrió nervioso la puerta de mi habitación.

- No encuentro a tu madre, ayudame a buscarla.

     No tuvo que decírmelo dos veces. La buscamos fuera de casa durante más de una hora sin conseguir nada. Me llegué a creer la preocupación de él.
     Cuando volvimos a casa no fui capaz de quedarme esperando y la busqué por casa. La encontré sentada en las escaleras que llevaban a la piscina (eso era lo que él la había buscado). Sus ojos estaban húmedos, escondidos tras una falsa sonrisa al darse cuenta de que estaba allí. Puede que fuera una cría, pero tenía ojos. Su pelo enmarañado y su labio ligeramente partido y aún con rastros de sangre, me dijeron a las claras lo que había pasado.
     Después de todo esto, pasó una semana durmiendo conmigo y yo pidiéndole que lo dejara.

- No puedo, cariño. No tengo trabajo, dependemos totalmente de él.
- ¿Y mis hermanos para que están? Ellos pueden ayudarnos.
- ¡Ellos no deben saber nada! No quiero ser una carga. Prométeme que no les dirás nada.

     Me fue totalmente imposible negarme al ver aquel enorme dolor grabado en sus ojos. Me invadió la impotencia y la culpabilidad por ser una carga para ella ( al menos eso era lo que yo creía pues ahora soy madre y un hijo no es ninguna carga si no lo que nos hace seguir hacia delante). Es ahora que se lo que podía haber hecho y no hizo por..., aún no tengo claro el por qué.
     Con el tiempo descubrí que aquella no había sido la primera vez, pero por lo que observé durante años, aunque no puedo poner la mano en el fuego, sí la última.
    
     Es muy probable que fuera en aquel momento, de manera inconsciente en un primer momento, que tomara la decisión de no permitir que ningún hombre me hiciera eso.
     Suele decirse que una chica busca en su pareja a alguien semejante a su padre, pero puedo asegurar que ese no fue mi caso.

    Doloroso recuerdo este, que podía haberme convertido en una mujer maltratada si hubiera seguido la pauta, pero siempre se tiene la opción de no seguirla y esa fue mi primera decisión importante. Ser feliz costara lo que costara.

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