En el campo, rodeada por la naturaleza, las noches de verano se vuelven mágicas y la más mágica de todas es la de la víspera de San Juan, en la que todos deseamos pasarlo bien, dejando los problemas mundanos a un lado y quemando nuestros deseos, aquellos sueños que queremos se hagan realidad. Es una noche en la que el cielo se ilumina, no solo con el sin fin de estrellas que se posan sobre nuestras cabezas permitiendo que soñemos con acariciar esos pequeños puntitos que parece diamantes, si no que luces de increíbles y brillantes colores estallan, callendo cual hermosa lluvia de estrellas y nos atrae a mirarla como el canto de las sirenas atrae a los marineros, haciendo que de nuestra garganta brote una exclamación de admiración por la belleza de los fuegos artificiales.
No importa la edad que tengamos pues la magia de la noche más corta del año nos envuelve a todos por igual.
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